El uso del tiempo, el uso de la vida.

Aún no existen espacios, universos que tomarán forma en el tiempo,
como no existe todavía, el segundo posterior a la lectura de estos versos...

Luis Eduardo Aute

Plantearse hablar del tiempo es plantearse hablar de la vida, ya que esta es la suma de todos los instantes.

Esta reflexión puede parece muy obvia y ciertamente lo es, sin embargo no es atendida en la medida que le correspondería ya que solemos desperdiciar muchos de esos instantes.

Una de las grandes cuestiones relacionadas con el tiempo es “su desplazamiento” que se produce cuando añoramos el pasado, esperamos el futuro y desperdiciamos el presente. Esta secuencia es muy frecuente ya que a menudo los problemas que llegan a las consultas terapéuticas no están relacionados con el momento presente sino con desplazamientos básicos:

 

Desplazamiento al pasado.

El pasado constituye un legado vivencial que cada persona tiene en su memoria, en sus experiencias sentidas y en sus conocimientos como bases de aprendizajes vitales. Ir hacía el pasado es conveniente cuando se trata de aprender de él, de aprovechar esas experiencias para construir un presente más óptimo. También cuando lo hacemos para agradecer y valorar lo que hemos vivido. Sin embargo hay dos tipos de desplazamiento al pasado que no contribuyen a una buena salud psicológica:

Acontecimientos anteriores que no se solventan ni se consiguen superar, de modo que hay un anclaje con nuestro pasado que de forma constante nos remite a él desplazando así el momento presente. Aquí la vivencia es de dolor, sufrimiento o tristeza que se puede expresar de diversas formas como por ejemplo rabia, mal carácter, pesimismo, desconfianza ante la vida o las relaciones. Nos traemos la vivencia que nos causó la herida de nuevo al presente cargada de resentimiento, odio o victimismo. Se actualiza de forma constante una secuencia caduca, que pertenece a un ayer muchas veces antiguo y que sin embargo ocupa gran parte del hoy. El re-sentimiento (volver a sentir), produce un desgaste importante en la persona y está muy presente en esta mala gestión del tiempo. En algunos casos la ausencia de aceptación y de perdón contribuyen a mantener esta inercia enfermiza, ya que ambas cosas son sinónimos de libertad de espíritu y en su carencia aparecen estados de ánimo distorsionados y mediocres que dificultan la satisfacción vital y por tanto la capacidad de estar gozando en plenitud el aquí y el ahora.

Anclaje a veces de añoranza. Nos parecen mucho mejores los tiempos pasados que siempre añoramos con un aura de melancolía o tristeza, a veces cronificada, que se acaba convirtiendo en una pauta de comportamiento. Hay una dificultad de desprenderse, de elaborar duelos correctamente, de adaptarse a las nuevas exigencias de la vida, que nos lleva una y otra vez a desear recuperar algo que en muchas ocasiones no será nunca más posible tener. Dejar morir lo que tiene que morir, permite que nazca lo que tiene que nacer. En su defecto nos bloqueamos el propio proceso personal y gastamos la energía en cosas que no contribuyen a nuestro bienestar.

 

Desplazamiento al futuro:

Idealización o creencia en la suerte. Expectativas sin canalizar ni concretar, que nos hacen idealizar o sugestionarnos de forma imaginaria con posibles acontecimientos futuros, por ejemplo: cuando deje de trabajar todo irá mejor, cuando acabe de pagar el piso, cuando consiga tal cosa o tal otra, etc. A veces este desplazamiento al futuro se produce porque depositamos la confianza de mejorar nuestra vida al azar, por ejemplo esperando que nos toque la lotería o la quiniela, que cambien a nuestro jefe y venga otro mejor, que haga menos calor o menos frio etc. Es una forma de evasión psicológica con frecuencia no del todo consciente, que nos aleja de la responsabilidad de implicarnos en ese proyecto de mejora u optimización que queremos. Se pierde con frecuencia la relación con los deseos reales y se cae en un entretenimiento que fomenta el autoengaño, pero resulta mucho más fácil y cómodo que tomar decisiones importantes, cambiar cosas por otras nuevas e inciertas, etc.

Miedos anticipados: proyectamos miedos a acontecimientos futuros que nos hacen sentir ansiedad, o preocupación constante ante cosas que tal vez no sucederán. Frecuentemente esta actitud psicológica se convierte en una huida ante retos u objetivos ya que nos convencemos de esa hipotética catástrofe de modo que abandonamos antes de empezar. Si el bucle de esta actitud se cronifica tenemos la cuartada perfecta para acomodarnos en actitudes pasotas, indiferentes o poco comprometidas vitalmente. Además en muchos de estos casos el nivel de angustia que se experimenta en el momento presente debido al miedo anticipado es muy elevada. Este punto lo trabaja en su libro “el arte de amargarse la vida” Paul Watzlawick, de forma desenfadada pero muy representativa del tipo de pensamiento que tienen estas personas.

Vivir aquí y ahora, se ha convertido en un reto, en un desafío que muchas veces no se tienen fuerzas para asumir y se huye recordando aquello que no volverá o esperando algo que tal nunca llegue, como acabamos de ver. Vivir aquí y ahora es un compromiso conmigo y con la vida, es invertir y arriesgar. Cualidades que no están precisamente de moda. Invertir, significa ser constante y no perder el objetivo, mantener la capacidad de esfuerzo en su dirección. Arriesgar es no pedir seguridades por adelantado, sino asumir que quizás no saldrá todo como deseamos pero que aún así debemos intentarlo. La acción es Eros (vida), la no acción es tanathos (muerte). Por tanto elegir no avanzar por no invertir ni arriesgar es elegir una opción mediocre e inmadura que provocará malestar e insatisfacción.

Me gustaría leer un texto ánonimo que refleja con bastante claridad lo que acabo de explicar en relación al desplazamiento del tiempo.

Hay dos días en cada semana
de los cuales no debemos preocuparnos,
dos días que deben mantenerse libres de temores y aprehensiones.
Uno de estos días es AYER,
con sus errores y preocupaciones,
sus faltas y desaciertos,
sus dolores y sus penas.
AYER ha pasado para siempre
más allá de nuestro control.
Todo el dinero del mundo
no puede devolvernos el AYER.
No podemos deshacer un solo acto que hayamos realizado
no podemos borrar una simple palabra que hayamos dicho...
AYER se fue.
El otro día del que no debemos preocuparnos es MAÑANA,
con sus posibles adversarios,
sus preocupaciones,
su prolongado y pobre rendimiento.
MAÑANA está también más allá de nuestro control inmediato.
El sol de MAÑANA saldrá,
ya sea con esplendor o detrás de una masa de nubes, pero saldrá.
Hasta que lo haga, no tenemos seguridad en MAÑANA,
porque no ha nacido.
Esto nos deja ya un solo día..HOY.
Cualquier persona,
puede pelear la batalla de sólo un día. La batalla del HOY!
No es la experiencia de HOY
que vuelve loca a la gente,
se siente amargura o remordimiento
por algo que pasó AYER
y el temor de lo que el MAÑANA traerá.
Por consiguiente, vivamos un día a la vez ¡¡¡
Que solo ese día, sea el HOY
y que batallemos hasta vencer

Por otro lado, la sensación de las personas de “no tener tiempo de nada”, cuando en realidad vivimos más tiempo que nunca (la media de esperanza de vida es de 75 a 80 en la actualidad, cuando en los siglos XII al XV la esperanza de vida de una mujer estaba alrededor de los 40 a 45 años), es una paradoja que indica que, en realidad, existe más de un tiempo.

Antiguamente, en la Grecia Clásica, el tiempo lo representaban dos figuras distintas: una era Cronos, el personaje que todo el mundo conoce porque era el padre de Zeus y porque ha dejado su huella en palabras como “cronología”. Cronos era el dios del tiempo homogéneo, el tiempo que se deja dividir en horas, minutos, segundos, o sea en unidades escalonadamente uniformes, el tiempo que se deja medir fácilmente en dinero, el tiempo de la prisa, pues, el que parece que siempre nos falte, hoy en día. La otra figura era kairós, que representaba los momentos significativos de la vida, la ocasión precisa, los momentos de sentido, esos momentos fundamentales para vivir humanamente que la novelista Virginia Wolf ha llamado “momentos de ser”. O sea, el oro del refrán “el tiempo es oro”, no es tiempo productivo que se transforma en bienes o divisas, es el oro que se halla por ventura entre innumerables e indistintas unidades de arena, como dice V W, el oro de gozar de lo importante, que es el tiempo de los afectos, de las relaciones, de la vida.

Las personas vivimos esos dos tiempos, el del Cronos y el del Kairós, el de la prisa y el del sentido. El tiempo del sentido, que atesora los momentos significativos, los momentos del ser, los momentos que sustentan cualitativamente la vida y la cultura humana, es el que verdaderamente da sentido a nuestra vida y hay que cuidar.

Cuando disrutamos de nuestro tiempo de ocio, el llamado tiempo libre, entramos en lam posibilidad de que sea un tiempo significativo, para ello será necesario valorar qué tipo de utilización de ese tiempo se hace. Muchas veces observamos que la televisión acapara gran parte de ese tiempo de ocio. Preguntarse si esa inversión de tiempo me repercute en hacer mi vida mejor, con más calidad y más óptima, es una responsabilidad ante la propia vida. No siempre se hace este tipo de valoración y por ello muchas veces el tiempo de ocio es simplemente un tiempo cómodo que busca satisfacciones inmediatas y fáciles pero que no repercuten en mi bienestar psiquíco de forma adecuada ni permanente. Por tanto el tiempo significativo ha de estar dotado de sentido para poder considerarlo tiempo de recuperación e inversión vital, tiempo del Kairós.

De esta capacidad de percibir los dos tiempos, ha escrito la poeta Ana Mañeru Méndez: ( en De vuelta de mi)

Si ordenara los días
Como siempre
Lo haría de manera
que casaran otra vez
para que el tiempo
quisiera decir algo

Pero hoy no puedo,
Pues se me ha roto el tiempo
Y están desconcertados
Por los suelos
Los días
Los meses y los años

Confundo los instantes
Con los siglos
Se oscurecen los días
Con las noches
Se duermen los recuerdos

Extraño calendario naufragado

 

En el siglo XX y este XXI, prácticamente recién estrenado, el desarrollo del capitalismo ha puesto en conflicto grave esos dos tiempos. No tenemos tiempo de nada porque dedicamos la mayor parte de nuestra vida al trabajo asalariado y así nos quedamos sin tiempo significativo, sin tiempo para hablar con la gente que se ama, el tiempo de Cronos, el repetitivo, ha triunfado sobre momentos de ser, sobre el tiempo de Kairós, el del sentido. Muchas personas cuando expresamos “ es que no tengo tiempo de nada”, lo hacemos con inquietud, porque nos damos cuenta de que hoy, cada vez más, preferimos tener tiempo para nosotras/os y nuestros seres queridos aunque ganemos menos dinero. Pero aquí empieza la gran tarea pendiente: elegir entre tener tiempo de morir o tiempo de vivir, entre el cronos o el kairós, entre tener o ser.

Se trata de un cambio cultural tan importante que está transformando el mundo del trabajo: cada vez más personas prefieren, si pueden, trabajar a tiempo parcial con el fin de tener tiempo; es decir, con el fin de tener tiempo significativo, tiempo para estar abiertas/os a la posibilidad de los momentos de ser.

Quisiera resaltar la idea de que elegir entre el tiempo del lucro y el significativo, depende no sólo de las necesidades o circunstancias que cada persona pueda tener, sino y mucho más importante, del sentido que cada persona tenga de la propia libertad: un sentido, el de la libertad, que mide con dificultad las técnicas estadísticas.

Cambiar el tiempo por dinero es algo que cada vez nos satisface memos y nos produce más inquietud y desasosiego, porque cada vez más somos más conscientes de que eso nos hace perder la vida. Maria Zambrano nos habla del tiempo creador, donde caben los sueños y los anhelos, donde hay espacio para contemplar y detenerse, donde se puede conversar, dialogar. Compartir palabras. Palabras y tiempo que como nos dice Milagros Rivera, son dos dones fundamentales, dos dones divinos.

En realidad nuestra forma de emplear o invertir nuestro tiempo, nos hace un diseño de nuestra trayectoria vital y ésta a veces nos conduce a tendencias tanathos (muerte) en vez de a tendencias eros (vida), comol ya he comentado anteriormente, y poco a poco entramos en ese círculo cerrado y vicioso de morir mientras vivimos y lo que es peor, en la más completa y sorda de las inconsciencias. Así cada vez es más frecuente que las demandas terapéuticas giren en torno a una incertidumbre que no se sabe expresar, porque el malestar está confuso, sé que estoy mal pero no sé por què... y cuando avanzamos en el conocimiento de esa vida quebrada, dolorida, encontramos una gran ausencia: la de tiempo para si, tiempo de vida, tiempo significativo, tiempo creador, tiempo de ser, tiempo de kairós, todo el tiempo fundamental que hemos descrito.

Esta es “la verdad viviente” como María Zambrano llama a lo que se siente, a lo que acontece en mi que no es la verdad de la ciencia, pero que es la verdad que me rige y me gobierna.

Habla la autora de una realidad “de segundo orden” que es una realidad simbólica que alberga la dimensión del tiempo de los afectos, de las vivencias, de la modificación interior.

Esto puede parecer obvio pero no lo es. “Conocemos muchas cosas pero comprendemos pocas” decía Hanna Arent, y no se puede separar la vida del saber, hay que conocer y comprender, hay que responsabilizarse después de ese saber, porque así me responsabilizo de mi tiempo de vivir, siempre único, siempre intransferible.

En mi trabajo cotidiano, una de las cosas que ocupan gran parte de mi tiempo, y que considero un gran privilegio, es acompañar en los procesos de enfermedad y de acercamiento a la muerte. He aprendido mucho en estos viajes compartidos con las personas que depositan en mi su confianza para hacerlos. Una de las cosas más importantes que he ido constatando es que en muchas ocasiones en esos momentos de dificultad, aparece un arrepentimiento hondo de no haber vivido de otra forma. Esa otra forma siempre alude a haber invertido más tiempo en aficiones que llenan el alma, en haber hecho cosas que hacían ilusión, en no haber aplazado los sueños, en haber dedicado tiempo y palabra a las personas amadas…

Quizás sería bueno pensar en ello ahora y no esperar a que sea una realidad objetiva la frase “no tengo tiempo”. Os invito a vivir el tiempo significativo en profundidad en compañía de vuestros seres queridos. Al final de la vida, eso será lo único que os habrá valido realmente la pena.

Carme Boó Fernández de Castro.


Anónimo

Nos convencemos a nosotras/os mismas/os de que la vida será mejor después....

Después de terminar la carrera, después de conseguir trabajo, después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro. Luego nos sentimos frustrados porque nuestros hijos no son lo suficientemente grandes, y pensamos que seremos más felices cuando crezcan y dejen de ser niños, después nos desesperamos porque son adolescentes, difíciles de tratar.

Pensamos: seremos más felices cuando salgan de esa etapa. Luego decidimos que nuestra vida será completa cuando a nuestro esposo o esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor coche, cuando nos podamos ir de vacaciones, cuando consigamos el ascenso, cuando
nos retiremos. La verdad es que . NO HAY MEJOR MOMENTO PARA SER FELIZ QUE AHORA MISMO. Si no es ahora, ¿cuándo? La vida siempre estará llena de luegos, de retos.

Es mejor admitirlo y decidir ser felices ahora de todas formas. No hay un luego, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es AHORA ....ATESORA CADA MOMENTO QUE VIVES, y atesóralo más porque lo compartiste con alguien especial; tan especial que lo llevas en tu corazón y recuerda que EL TIEMPO NO ESPERA POR NADIE.

Así que deja de esperar hasta que termines la Universidad, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que se vayan de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos diez kilos, hasta el viernes por la noche o hasta el domingo por la mañana; hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que justamente ÉSTE PARA SER FELIZ....