El uso del tiempo, el uso de la vida.Aún no existen espacios, universos que tomarán
forma en el tiempo, Plantearse hablar del tiempo es plantearse hablar de la vida, ya que esta es la suma de todos los instantes. Esta reflexión puede parece muy obvia y ciertamente lo es, sin embargo no es atendida en la medida que le correspondería ya que solemos desperdiciar muchos de esos instantes. Una de las grandes cuestiones relacionadas con el tiempo es “su desplazamiento” que se produce cuando añoramos el pasado, esperamos el futuro y desperdiciamos el presente. Esta secuencia es muy frecuente ya que a menudo los problemas que llegan a las consultas terapéuticas no están relacionados con el momento presente sino con desplazamientos básicos:
Desplazamiento al pasado. El pasado constituye un legado vivencial que cada persona tiene en su memoria, en sus experiencias sentidas y en sus conocimientos como bases de aprendizajes vitales. Ir hacía el pasado es conveniente cuando se trata de aprender de él, de aprovechar esas experiencias para construir un presente más óptimo. También cuando lo hacemos para agradecer y valorar lo que hemos vivido. Sin embargo hay dos tipos de desplazamiento al pasado que no contribuyen a una buena salud psicológica:
Desplazamiento al futuro:
Vivir aquí y ahora, se ha convertido en un reto, en un desafío
que muchas veces no se tienen fuerzas para asumir y se huye recordando
aquello que no volverá o esperando algo que tal nunca llegue,
como acabamos de ver. Vivir aquí y ahora es un compromiso conmigo
y con la vida, es invertir y arriesgar. Cualidades que no están
precisamente de moda. Invertir, significa ser constante y no perder
el objetivo, mantener la capacidad de esfuerzo en su dirección.
Arriesgar es no pedir seguridades por adelantado, sino asumir que
quizás no saldrá todo como deseamos pero que aún
así debemos intentarlo. La acción es Eros (vida), la
no acción es tanathos (muerte). Por tanto elegir no avanzar
por no invertir ni arriesgar es elegir una opción mediocre
e inmadura que provocará malestar e insatisfacción. Por otro lado, la sensación de las personas de “no tener tiempo de nada”, cuando en realidad vivimos más tiempo que nunca (la media de esperanza de vida es de 75 a 80 en la actualidad, cuando en los siglos XII al XV la esperanza de vida de una mujer estaba alrededor de los 40 a 45 años), es una paradoja que indica que, en realidad, existe más de un tiempo. Antiguamente, en la Grecia Clásica, el tiempo lo representaban dos figuras distintas: una era Cronos, el personaje que todo el mundo conoce porque era el padre de Zeus y porque ha dejado su huella en palabras como “cronología”. Cronos era el dios del tiempo homogéneo, el tiempo que se deja dividir en horas, minutos, segundos, o sea en unidades escalonadamente uniformes, el tiempo que se deja medir fácilmente en dinero, el tiempo de la prisa, pues, el que parece que siempre nos falte, hoy en día. La otra figura era kairós, que representaba los momentos significativos de la vida, la ocasión precisa, los momentos de sentido, esos momentos fundamentales para vivir humanamente que la novelista Virginia Wolf ha llamado “momentos de ser”. O sea, el oro del refrán “el tiempo es oro”, no es tiempo productivo que se transforma en bienes o divisas, es el oro que se halla por ventura entre innumerables e indistintas unidades de arena, como dice V W, el oro de gozar de lo importante, que es el tiempo de los afectos, de las relaciones, de la vida. Las personas vivimos esos dos tiempos, el del Cronos y el del Kairós, el de la prisa y el del sentido. El tiempo del sentido, que atesora los momentos significativos, los momentos del ser, los momentos que sustentan cualitativamente la vida y la cultura humana, es el que verdaderamente da sentido a nuestra vida y hay que cuidar. Cuando disrutamos de nuestro tiempo de ocio, el llamado tiempo libre, entramos en lam posibilidad de que sea un tiempo significativo, para ello será necesario valorar qué tipo de utilización de ese tiempo se hace. Muchas veces observamos que la televisión acapara gran parte de ese tiempo de ocio. Preguntarse si esa inversión de tiempo me repercute en hacer mi vida mejor, con más calidad y más óptima, es una responsabilidad ante la propia vida. No siempre se hace este tipo de valoración y por ello muchas veces el tiempo de ocio es simplemente un tiempo cómodo que busca satisfacciones inmediatas y fáciles pero que no repercuten en mi bienestar psiquíco de forma adecuada ni permanente. Por tanto el tiempo significativo ha de estar dotado de sentido para poder considerarlo tiempo de recuperación e inversión vital, tiempo del Kairós. De esta capacidad de percibir los dos tiempos, ha escrito la poeta Ana Mañeru Méndez: ( en De vuelta de mi) Si ordenara los días Pero hoy no puedo, Confundo los instantes Extraño calendario naufragado
En el siglo XX y este XXI, prácticamente recién estrenado, el desarrollo del capitalismo ha puesto en conflicto grave esos dos tiempos. No tenemos tiempo de nada porque dedicamos la mayor parte de nuestra vida al trabajo asalariado y así nos quedamos sin tiempo significativo, sin tiempo para hablar con la gente que se ama, el tiempo de Cronos, el repetitivo, ha triunfado sobre momentos de ser, sobre el tiempo de Kairós, el del sentido. Muchas personas cuando expresamos “ es que no tengo tiempo de nada”, lo hacemos con inquietud, porque nos damos cuenta de que hoy, cada vez más, preferimos tener tiempo para nosotras/os y nuestros seres queridos aunque ganemos menos dinero. Pero aquí empieza la gran tarea pendiente: elegir entre tener tiempo de morir o tiempo de vivir, entre el cronos o el kairós, entre tener o ser. Se trata de un cambio cultural tan importante que está transformando el mundo del trabajo: cada vez más personas prefieren, si pueden, trabajar a tiempo parcial con el fin de tener tiempo; es decir, con el fin de tener tiempo significativo, tiempo para estar abiertas/os a la posibilidad de los momentos de ser. Quisiera resaltar la idea de que elegir entre el tiempo del lucro y el significativo, depende no sólo de las necesidades o circunstancias que cada persona pueda tener, sino y mucho más importante, del sentido que cada persona tenga de la propia libertad: un sentido, el de la libertad, que mide con dificultad las técnicas estadísticas. Cambiar el tiempo por dinero es algo que cada vez nos satisface memos y nos produce más inquietud y desasosiego, porque cada vez más somos más conscientes de que eso nos hace perder la vida. Maria Zambrano nos habla del tiempo creador, donde caben los sueños y los anhelos, donde hay espacio para contemplar y detenerse, donde se puede conversar, dialogar. Compartir palabras. Palabras y tiempo que como nos dice Milagros Rivera, son dos dones fundamentales, dos dones divinos. En realidad nuestra forma de emplear o invertir nuestro tiempo, nos hace un diseño de nuestra trayectoria vital y ésta a veces nos conduce a tendencias tanathos (muerte) en vez de a tendencias eros (vida), comol ya he comentado anteriormente, y poco a poco entramos en ese círculo cerrado y vicioso de morir mientras vivimos y lo que es peor, en la más completa y sorda de las inconsciencias. Así cada vez es más frecuente que las demandas terapéuticas giren en torno a una incertidumbre que no se sabe expresar, porque el malestar está confuso, sé que estoy mal pero no sé por què... y cuando avanzamos en el conocimiento de esa vida quebrada, dolorida, encontramos una gran ausencia: la de tiempo para si, tiempo de vida, tiempo significativo, tiempo creador, tiempo de ser, tiempo de kairós, todo el tiempo fundamental que hemos descrito. Esta es “la verdad viviente” como María Zambrano llama a lo que se siente, a lo que acontece en mi que no es la verdad de la ciencia, pero que es la verdad que me rige y me gobierna. Habla la autora de una realidad “de segundo orden” que es una realidad simbólica que alberga la dimensión del tiempo de los afectos, de las vivencias, de la modificación interior. Esto puede parecer obvio pero no lo es. “Conocemos muchas cosas pero comprendemos pocas” decía Hanna Arent, y no se puede separar la vida del saber, hay que conocer y comprender, hay que responsabilizarse después de ese saber, porque así me responsabilizo de mi tiempo de vivir, siempre único, siempre intransferible. En mi trabajo cotidiano, una de las cosas que ocupan gran parte de mi tiempo, y que considero un gran privilegio, es acompañar en los procesos de enfermedad y de acercamiento a la muerte. He aprendido mucho en estos viajes compartidos con las personas que depositan en mi su confianza para hacerlos. Una de las cosas más importantes que he ido constatando es que en muchas ocasiones en esos momentos de dificultad, aparece un arrepentimiento hondo de no haber vivido de otra forma. Esa otra forma siempre alude a haber invertido más tiempo en aficiones que llenan el alma, en haber hecho cosas que hacían ilusión, en no haber aplazado los sueños, en haber dedicado tiempo y palabra a las personas amadas… Quizás sería bueno pensar en ello ahora y no esperar a que sea una realidad objetiva la frase “no tengo tiempo”. Os invito a vivir el tiempo significativo en profundidad en compañía de vuestros seres queridos. Al final de la vida, eso será lo único que os habrá valido realmente la pena. Carme Boó Fernández de Castro.
Nos convencemos a nosotras/os mismas/os de que la vida será mejor después.... Después de terminar la carrera, después de conseguir trabajo, después de casarnos, después de tener un hijo, y entonces después de tener otro. Luego nos sentimos frustrados porque nuestros hijos no son lo suficientemente grandes, y pensamos que seremos más felices cuando crezcan y dejen de ser niños, después nos desesperamos porque son adolescentes, difíciles de tratar. Pensamos: seremos más felices cuando salgan de esa etapa.
Luego decidimos que nuestra vida será completa cuando a nuestro
esposo o esposa le vaya mejor, cuando tengamos un mejor coche, cuando
nos podamos ir de vacaciones, cuando consigamos el ascenso, cuando Es mejor admitirlo y decidir ser felices ahora de todas formas. No hay un luego, ni un camino para la felicidad, la felicidad es el camino y es AHORA ....ATESORA CADA MOMENTO QUE VIVES, y atesóralo más porque lo compartiste con alguien especial; tan especial que lo llevas en tu corazón y recuerda que EL TIEMPO NO ESPERA POR NADIE. Así que deja de esperar hasta que termines la Universidad, hasta que te enamores, hasta que encuentres trabajo, hasta que te cases, hasta que tengas hijos, hasta que se vayan de casa, hasta que te divorcies, hasta que pierdas esos diez kilos, hasta el viernes por la noche o hasta el domingo por la mañana; hasta la primavera, el verano, el otoño o el invierno, o hasta que te mueras, para decidir que no hay mejor momento que justamente ÉSTE PARA SER FELIZ....
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