Entrelazando la vida con la atención psicoterapéutica y la homeopatía“El alma se refiere a nuestra esencia interior y constituye la conexión de cada persona con los aspectos espirituales de la vida. El alma se ocupa de aquello que hacemos a nuestra vida, aunque no siempre seamos conscientes de este hecho. Cuando pasamos por experiencias difíciles y no las resolvemos de la manera adecuada, nuestras respuestas crean distorsiones en la energía del interior del cuerpo, como remolinos en una corriente de agua. Estas formas distorsionadas influyen a su vez en el modo en que respondemos a las situaciones, de manera que cada vez quedamos más inmersos en los problemas y más alejados del propósito del alma, y si no las sabemos tratar adecuadamente, se reproducirán en todos los aspectos de la viada diaria. Un remedio homeopático puede reequilibrar la forma de energía distorsionada y liberar el alma para que prosiga su camino. Homeopatía para el alma. Casandra Lorius.
Robinbook. Los libros que leíste. El miedo Todo esto está inscrito, aunque nadie lo
vea, Juana Castro (Córdoba) Del libro: Mujeres invisibles. Carmen Valls Llobet. Debolsillo.
El porqué de la elección de la Homeopatía como disciplina complementaria a mi profesión como psicoterapeuta Atiendo desde hace unos doce años aproximadamente, a personas que acuden a mi consulta de psicoterapeuta con diferentes tipos de problemas asociados a la vida emocional: relaciones familiares, de pareja, la soledad, problemas laborales o económicos, diferentes tipos de neurosis que debilitan la energía y someten a la persona a una calidad de vida mediocre y dificultosa, con un gran sufrimiento añadido porque en muchos casos, no encuentran consuelo y comprensión por parte de su entorno más inmediato ni implicación para resolver los problemas en común. Por otro lado y paralelamente a lo anteriormente descrito, en mi experiencia personal como mujer, también he tenido mi relación con las dificultades tanto emocionales como físicas. El vínculo con mi propia enfermedad y con el cuerpo ha ido cambiando y poco a poco he ido constatando que el cuerpo habla, se expresa, a través del malestar cuando inconscientemente o no, no nos hacemos cargo de él, muchas veces porque no sabemos como resolverlo, o bien creemos que no podemos, y en otras ocasiones porque sencillamente no entendemos que nuestro cuerpo responda enfermando ante un disgusto. Ambas cosas, que entiendo se interrelacionan no sólo inevitable sino también imprescindiblemente, me han suscitado un interés por el cuidado de la salud y la mejora en la calidad de vida. Así pues este conjunto de experiencias me han ido enseñando paso a paso como el cuerpo, maravillosa y armoniosamente diseñado, tiene dos partes que trabajan al unísono. Dos partes que se complementan, se retroalimentan, se organizan y distribuyen la energía de la cual disponemos: el cuerpo y la mente. Con frecuencia suelo cambiar el concepto de “mente” por el de alma. Esto se debe a que en algunos casos al hablar de la mente hacemos una asociación inmediata con la capacidad de razonar, con el pensamiento abstracto y práctico. No me cabe ninguna duda que son éstos contenidos esenciales de nuestra capacidad mental, pero hay aspectos frecuentemente ignorados como la sensibilidad, la intuición y la percepción, los deseos, la decepción vital, los sentimientos y forma de vivir los afectos, etc., que no encuentran lugar en esa acepción del término “mente” reducida sólo a una parte. Cuando hablo de “alma”, mi intención es incluir todo esto, hacerlo visible, necesario. En esta lógica del alma estoy plenamente convencida y espero poder explicar con detalle los porqués de tal convencimiento, de que la mayoría de las enfermedades llamadas menores u ordinarias y también algunas de las graves, crónicas y terminales, son reflejo de esta parte de nuestra realidad como seres humanos que no se siente acogida, respetada, comprendida, valorada, etc., y encuentra el cuerpo en un intento de pedir auxilio, en la enfermedad, la forma de canalizar su malestar; entiendo por tanto, que una gran mayoría de nuestras afecciones a lo largo de la vida, son formas de expresión de toda esta realidad interna. “En el cuerpo quedan registradas todas nuestras vivencias y éste actúa como una especie de receptáculo y de regulador emocional que procura sobrevivir y minimizar los daños al precio de tensarse, congelarse, inhibirse, camuflar ciertos sentimientos, ocultar otros, modificar pautas respiratorias…” “El cuerpo recuerda y registra, y en cada persona convive el cuerpo del que fue ayer y antes de ayer y del que fue a los quince años y a los dos. En nuestro cuerpo está presente la memoria de todo lo que vivimos”. “Un profundo proceso emocional, obliga a visitar y bucear buenos sentimientos y también aquellos que llegan a ser amenazantes para nosotr@s hasta lograr hacerles espacio, permitir que circulen, que se liberen del dolor, que se reaprendan los recursos, y que el cuerpo recupere su confianza, su gracia y su vitalidad natural. A este cuerpo que vivió tanto, que soporto traumas, heridas y miedos, podemos agradecerle su fortaleza …” Juan Garriga Bacardi “¿Dónde están las monedas? , el cuento de nuestros padres” Rigden Institut gestalt. A través de la cotidianidad y la convivencia con las personas que acuden a mi consulta, ofreciéndome así su confianza en que las pueda acompañar en una parte de ese viaje de mejorar, he ido comprobando el exceso de medicalización en algunos casos, en otros la preocupación por encontrar mejoría a los síntomas que provocan una mala calidad de vida, en otros la supresión de diferentes síntomas que acaban por convertirse en síntomas más graves, etc. Poco a poco he ido sintiendo la necesidad de una formación que abarcara el cuidado de la salud física que pudiera ser complementaria a la que ya tenía del cuidado de la salud psíquica. Sin olvidar, como antes he dicho, que por mi propia trayectoria personal también estaba cada vez más interesada en saber sobre el cuidado del cuerpo y en definitiva, de la vida. Descubrí la homeopatía, como casi todos los grandes descubrimientos que hago en mi vida: a través de las relaciones en las que confío, de manos de personas a las que admiro, con quién comparto cosas importantes y de las que puedo aprender. Poco a poco primero como usuaria y luego como discípula, fue naciendo mi relación con esta disciplina que en este momento ocupa una gran parte de mi vida. Lo que más me atrajo desde un principio fue que la homeopatía pierde todo su sentido si no se personaliza el tratamiento a seguir, que la relación con el remedio viene dada por la relación con la persona que lo ha de tomar y la que lo prescribe, que el tratamiento evoluciona al paso que lo hace la persona y sus síntomas. Poco a poco al ir leyendo, asistiendo a clase y aprendiendo, he podido comprobar aún más la importancia de esto. El Doctor Peter Chappell, en la introducción de su libro “Los traumas emocionales y su tratamiento con la homeopatía” (Ed.Sirio) afirma: Desafortudamente, a medida que la ciencia se ve dominada por el pensamiento determinista, el arte de escuchar a la persona ha sido dejado de lado. Grandes cosas se pueden descubrir tras el estudio de los tejidos enfermos, pero corremos el riesgo de fijarnos solamente en las células de esos tejidos y no pensar en las personas a quienes pertenecen. Es un hecho que tenemos que estudiarlas, pero no debemos menospreciar el mundo que ocupan. Es posible que la persona como un ser integral, con una historia personal, relaciones, familia, trabajo y una posición en la sociedad, ejerza una tremenda influencia en el desarrollo y en la perpetuación de las enfermedades. Por tanto, el hecho de que la homeopatía aborde no sólo las enfermedades agudas o crónicas sino también aquello que las produce acogiendo las cuestiones emocionales y psicológicas, me hace entender que esta disciplina es una excelente forma de atender terapéuticamente cuestiones como la ansiedad, agresividad, estados depresivos, trastornos del sueño y la alimentación, atonías etc., y me ha ofrecido la posibilidad de relacionarme con un abordaje de la salud integral, con el que como persona que enferma y como profesional que atiende a personas que lo están, me siento cómoda y coherente. “En el modelo homeopático una enfermedad, es una señal de que la persona no se encuentra bien consigo misma y que el estado de su alma es frágil”. Homeopatía para el alma. Casandra Lorius. Robinbook. Ciertamente y dado que la mayoría de las personas con las que entro en relación terapéutica son mujeres, el hecho de poder tratarlas según su singularidad como tales, no sólo desde el aspecto psíquico y sus circunstancias concretas en ese momento, sino también como mujeres con un cuerpo de mujer que enferman atendiendo al sexo al cual pertenecen, fue otra de las cuestiones que me seducía de la medicina homeopática. La Doctora Carme Valls Llobet, en su libro “Mujeres invisibles”, nos invita a responder a la siguiente pregunta: ¿Influye tanto todavía la sociedad androcéntrica y patriarcal en las mentes de nuestros profesionales?. Creo que personalmente contestaría a mi pesar que sí. Son muchas las ocasiones en las que a mujeres aquejadas de diferentes síntomas que requerirían exploraciones complementarias sólo se les recetan ansiolíticos o antidepresivos, dando por hecho que es una cuestión “de nervios”, mientras que si es un hombre el que acude a la consulta con los mismo síntomas se hará la pertinente exploración para descartar que pueda tener enfermedades coronarias u otro tipo de dolencia orgánica. Se cuestiona Carme Valls: ¿por qué cuando un hombre acude con dolor torácico a urgencias se le somete inmediatamente a un electrocardiograma y cuando es una mujer quien presenta idénticos síntomas se le da un ansiolítico?, ¿por qué una mujer estresada es tachada de histérica y en cambio el hombre padece con toda probabilidad el peso de la responsabilidad?, ¿por qué a las mujeres se les exige una perfección física imposible de alcanzar y un hombre con canas y curva de la felicidad es, sencillamente, un madurito interesante? …; todos estos estereotipos no están erradicados sino que siguen muy vigentes en nuestra sociedad y en cualquier ámbito incluido el de la salud. Poder tratar a las personas desde otra perspectiva que no ejerza el ninguneo de su cuerpo sexuado, ni su experiencia de vida, ni aglutine a tod@s en clasificaciones que invisibilizan la singularidad, es sin duda absolutamente necesario y más si cabe para abordar la salud ya sea física o psíquica. Por otro lado, entiendo que el machismo vigente en nuestra sociedad, así como la falta de amor en las relaciones y de no tratarlas desde la ética del cuidado en nuestros espacios privados, es una cuestión que nos hace enfermar. Es evidente que esto afecta a las personas y que los tentáculos del patriarcado no por sutiles e invisibles en muchos casos, resultan menos depredadores, aniquiladores y opresores. En el espacio íntimo de la consulta terapéutica, se revela esta constante en la cotidianidad, sobre todo de las mujeres, que se presenta con excesiva frecuencia a través de crisis de ansiedad, episodios depresivos, disfunciones tan graves como las anorexias y bulimias, o inseguridades generalizadas que derivan en trastornos de ansiedad, de pánico, etc., que hacen que la autoestima femenina quede atentada con frecuencia impidiendo a las mujeres darse autoridad y legitimar sus deseos y opiniones. En definitiva, todo esto representa una de las causas más habituales de malestar en las mujeres que conscientes o no de esta realidad, la padecen y enferman por ello sufriendo todas las consecuencias. La oportunidad de personalizar la búsqueda del remedio que cada cual necesita, respetando su forma de enfermar y atendiendo a realidades no siempre fáciles de detectar como todo lo que acabo de describir, es otro de los aspectos que entiendo, la homeopatía, ofrece como viables en su forma de abordar la salud y la enfermedad. La visión holística del ser humano que ofrece esta disciplina, queda reflejada según mi parecer, en la corriente filosófica que sigue Hahnemann (fundador de la homeopatía) : el vitalismo, que sostiene que la vida de un ser humano no puede comprenderse a través de análisis cuantitativos de los elementos materiales que conforman el organismo de cada ser; sólo puede ser explicada por la existencia de un principio fundamental llamado fuerza vital. “Esta fuerza es la encargada de mantener la unión y la cohesión de la materia que forma parte de un organismo. Cuando la fuerza vital de un ser vivo se agota, se produce la muerte del mismo, y la materia, al perder su unidad y cohesión, comienza a descomponerse, según las leyes del reino mineral. Dicha fuerza vital, al mantener la cohesión del organismo como totalidad, se convierte en la promotora de todos aquellos procesos que tienden a equilibrar el estado de salud, ya que, en este sentido, salud, equilibrio y unidad, son sinónimos. Describe Hahnemann: La fuerza vital, que dinámicamente, anima el cuerpo material, gobierna con poder ilimitado y conserva todas las partes del organismo en admirable y armoniosa operación vital, tanto respecto de las sensaciones (psiquis), como de las funciones (soma). Por el contrario, el desequilibrio de tal fuerza determina el proceso de enfermedad, transformándose en la causa de esta, la cual se irá manifestando progresivamente en una desunión entre la psiquis y el cuerpo y, más tarde, del cuerpo consigo mismo”Homeopatia y emociones. Franco Rossomando. Vedrà. Esta forma de entender la energía vital, la fuerza del organismo para mantener la salud o enfermar acogen y respetan en mi opinión la totalidad del ser humano cuerpo-mente, indisociables para comprender la enfermedad. También de manos de la Homeopatía he sabido que Hipócrates, el padre de la medicina, decía que lo que realmente cura es la "Nature vix Medicatrix" es decir, la facultad de auto-reparación del cuerpo humano. Señaló a través de este concepto la existencia de un poder curador de la propia naturaleza, que utilizando la fuerza vital del organismo, tiende hacia la curación, provocando desborde hacia fuera, esto es: limpiando la carga tóxica. Esta fuerza vital es entendida como la energía de la cual el cuerpo dispone. Personalmente entiendo que la distribución de esta energía y el tenerla disponible para ejercer su poder regulador y autocurativo, dependen de nuestra organización vital en relación a todo lo que configura nuestro estilo de vida: alimentación, manejo y experiencia de las emociones, vida relacional, ambiente y entorno, higiene, relación con el trabajo-tiempo-dinero, actividades de ocio y aficiones, espacio donde se incluye la creatividad, inquietudes espirituales e intelectuales, relación y disfrute de la naturaleza, etc. Por tanto esto nos remite a una responsabilidad sobre la propia vida en cuanto a hacernos cargo de que todo esto tenga una armonía y un equilibrio. Sería “tomar conciencia de sí”. Mi intuición, a la que he ido legitimando a la largo de la vida, me ha llevado a observar una parte de la realidad que con frecuencia no es fácilmente visible. He llegado a diferentes hipótesis y valoraciones, en mi experiencia profesional, que no podía contrastar y para las que sólo contaba con la autoridad que yo misma fuera capaz de darle. A pesar de que esto ya es mucho, también me parece necesario, muy necesario en realidad, poder tener espacios de aprendizaje y discusión, de controversia y de identificación así como una formación teórica que fortalezca las cualidades innatas que se puedan tener hacía el cuidado de la salud y de la vida. La homeopatía me ha permitido, me va permitiendo, sentir este apoyo, este respaldo. A través de esta disciplina y según como jerarquiza los síntomas, he podido comprobar como un disgusto, un shock, que pertenecen a la esfera emocional, son más profundos y por lo tanto graves e importantes. Entiendo la homeopatía como una medicina de la experiencia, ya que a partir de la relación con los remedios, con las personas que lo solicitan y con la propia observación es cuando te vas poco a poco nconvirtiendo en homeópata. No lo eres sólo por estudiar la materia y conocer sus bases o principios, sino por interactuar con esta realidad que aporta el malestar sentido. “Parto de la suposición de que la persona ha desarrollado esa enfermedad porque no podía hacerlo de otra manera, por que ésta es su forma de expresar su malestar hacía sí mism@, hacía su familia, hacia su mundo pero también su creatividad en ese momento. Si se tiene la humildad y la capacidad de estar en silencio y observar ese fresco que emerge, aunque destructivo, en su complejidad, entonces quizá exista la posibilidad de encontrar la vía para entender qué es lo que esa persona en ese momento quiere expresar.” Dos para saber dos para curar. Hipatia. Cuadernos inacabados, número 46. Estos razonamientos, llegados de la mano de Raffaella Pomposelli, en el libro citado y en su artículo “La enfermedad forma parte de la vida” (Pág. 61), atienden a esta filosofía y forma de entender el malestar que se manifiesta con la crisis y la enfermedad. La misma autora explica sus experiencias personales como profesional y resalta la necesidad de contrastar con otr@s colegas, profesionales, disciplinas semejantes y complementarias, para atender de forma coordinada y ofrecer esa atención integral que nos lleva a observar la realidad completa de cada persona. Pomposelli describe como no puede ser lo más importante definir la enfermedad nosológica, sin tener en cuenta a la persona, su vivencia, su forma única, peculiar e irrepetible de enfermar. Así mismo plantea de forma contundente la necesidad de que l@s profesionales que están al cuidado de la salud, deben hacer un trabajo sobre sí mism@s como parte de su formación. En mi opinión esto es totalmente correcto y fundamental. “El partir de si”, que he aprendido de manos del feminismo de la diferencia, ha aportado a mi vida en general y a mi profesión en particular, la capacidad de dar “autoridad” (de autora de mi propia vida), a las experiencias personales para aprender de ellas y colocar ese aprendizaje como punto de partida, tal como he apuntado anteriormente cuando hablaba de la intuición, ya que en la relación con las personas que acuden a mi consulta, el eje central que configura la interacción parte de quién soy y lo que puedo ofrecer. Con este convencimiento, entiendo que la ciencia con todo su rigor evidentemente necesario y de sumo valor, no puede ignorar aspectos tan básicos como esa realidad ciertamente en muchos casos invisible, que cada persona lleva en su interior y que alberga su esqueleto psicológico y todo lo que ello representa. La misma autora narra que en su trabajo como médica en el Instituto de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Verona (Italia), donde se atiende enfermos seropositivos, cómo l@s facultativ@s estaban muy impresionad@s con el hecho de que una serie de pacientes suyos, aunque graves, después de 10 años vivían, trabajaban y se encontraban bastante bien a pesar de tener muy pocos linfocitos. Según decían, con tan pocos linfocitos “tendrían que estar muertos”. La doctora Pomposelli, llevaba a cabo durante todos estos años una atención terapéutica que iba dirigida a cuidar la calidad de vida en ámbitos como el emocional y el relacional así como hábitos saludables en la cotidianidad, etc., y esto repercutió en que la energía vital de los pacientes pudiera sostener mucho mejor la enfermedad. Afirma entonces: “esto confirma que el dato de laboratorio no representa el alma de la persona”. Dos para saber dos para curar. Hipatia. Cuadernos inacabados, número 46 Atendiendo a esta visión de la enfermedad y del cuidado de la relación entre la persona que busca ayuda y la que se la ofrece, mi interés más concreto en este momento son las enfermedades psicosomáticas de las que a continuación hago unas breves reflexiones como punto de partida de esta necesidad de explorar, aprender y conocer el alma humana y sus necesidades.
"La somatización es una manera de expresar una verdad sobre el cuerpo convirtiéndolo en texto, a falta de palabras para decirlo". María Milagros Rivera Carretas. En el libro: Mujeres invisibles. Pág34. Carme Valls Llobet. Debolsillo. La relación entre el cuerpo y la mente es clara. Por un lado cuando enfermamos físicamente queda afectado el ánimo y aparecen los temores, la preocupación, el desánimo, etc. A nadie le sorprende que una persona enferma que padezca de diferentes síntomas y dolores, se encuentre de mal humor, desmotivada o deprimida. Pero por otro lado y en general, se tiende a pensar que las enfermedades psicológicas sólo causan tristeza, llanto, sentimientos de inferioridad y otros síntomas que no tienen que ver con el cuerpo, sin embargo, esta idea es errónea. Nuestros emociones influyen en nuestro cuerpo, al igual que éste influye en nuestras emociones. Cuando la persona está afectada de cuestiones emocionales que le perturban el cuerpo acaba también sintiendo las consecuencias de ello, manifestándolas a través de diferentes alteraciones. Si se trata de esta segunda cuestión, donde es el ánimo que afecta al cuerpo y su respuesta, hay que diferenciar Entre un trauma de tipo shock impresión que recibe la persona de improviso, como la muerte de un ser querido, sufrir un accidente etc., que puede producir un impacto tan grave en nuestro cuerpo que podemos llegar a tener un infarto. Y el malestar acumulado que se arrastra durante mucho tiempo hasta que el cuerpo encuentra una forma de quejarse, de dolerse, por la situación de angustia que aguanta la persona. En este caso, las molestias aparecerán siempre por la parte más sensible o frágil de cada cual, poniéndose así de manifiesto la propia singularidad para enfermar. Mientras unas personas sufrirán del estómago, otras acumularán problemas de espalda, otras de garganta, etc. Cuando este malestar sigue vigente, porque a pesar de las primeras manifestaciones psicosomáticas la persona no atiende a estas llamadas de auxilio de su propio organismo de forma adecuada y lo hace sólo buscando un fármaco que le quite el dolor, entra en juego el principio terapéutico siguiente: “mientras la situación permanece, el síntoma persiste”. Es decir, encontraremos nula o escasa mejoría aunque tratemos los síntomas con medicación alópata o cualquier otra, si la situación que está provocando un estrés emocional u otro tipo de alteración afectiva y del ánimo, no se modifica. Por tanto, el síntoma persistirá y volverá a aparecer con frecuencia cada vez con mayor intensidad y asociado a nuevos síntomas. En las ocasiones en las que la situación concreta no puede desaparecer como tal, se debe entonces abordar desde la perspectiva terapéutica que indica: “Lo importante nunca es lo que me pasa, sino lo que yo decido hacer con lo que me pasa”. En este caso será por tanto nuestra actitud y nuestra relación con los hechos que provocan el malestar, la que se transformará (o debería transformarse), si tomamos conciencia de esta necesidad. Sin atender a este principio básico, lo que solemos hacer es, por un lado, “suprimir” síntomas a través de la medicación, provocando en muchos casos agravaciones o cronificaciones, así como la aparición de nuevos síntomas, como ya se ha comentado, y por otro, adquirir hábitos inadecuados sobre el cuidado de nuestra salud físico-psíquica, invirtiendo mal nuestra energía y llevando al cuerpo a desgastes, envejecimientos y síndromes que producen una mala calidad de vida. Mala calidad de vida que en algunos casos la persona se acostumbra a tener. Es decir, como no sabe como resolver sus problemas de salud se conforma y se acostumbra a vivir con los síntomas, con todas las consecuencias que de ello se pueden derivar. Por mi trabajo dirigido a la consulta psico-terapéutica, a pesar de que me encuentro con ambos aspectos, es este segundo grupo de personas a las que atiendo con bastante más regularidad. Algunas de ellas han escogido trabajar la enfermedad abordando la cuestión psicológica, al darse cuenta de que sus síntomas físicos estaban relacionados con padecimientos mentales de diferentes tipos; otras vienen derivadas de servicios de atención primaria o distintos especialistas que han aconsejado una terapia, siguiendo el consejo sin haber llegado a hacer dicha asociación, por si mismas. En estos casos, cuando llegan a la consulta su ánimo es de cierto escepticismo y desconfianza generalizada, porque con mucha frecuencia llevan largo tiempo intentando resolver el problema sin haberlo conseguido y también porque todavía hoy en día a muchas personas les cuesta comprender la relación directa que hay entre la mente y el cuerpo y por tanto entre su bienestar psico-emocional y su estado de salud física. Es habitual tener ciertos escrúpulos para acudir a una consulta de psicología, a pesar de que se ha avanzado mucho en este aspecto, y más si cabe, cuando la persona no cree tener un problema psicológico. Sin embargo, cuando se indaga un poco en su rutina diaria, se comprueba que hay algo en sus vidas que les crea malestar o ansiedad. No se trata de tener un trauma infantil ni nada por el estilo, cuestión que puede darse o no, simplemente, hay ocasiones en las que algo nos supera y no sabemos cómo hacerle frente o bien llevamos un ritmo de vida demasiado acelerado como para que nuestro cuerpo no se resienta. La salud no es el silencio del cuerpo, y no todos los síntomas o molestias son resultado de una enfermedad física. “Los síntomas como tales son manifestaciones de largos y profundos procesos donde la historia y la predisposición interactúan en una dinámica complementaria. La concepción de la enfermedad como un lenguaje, como expresión simbólica de conflictos que no aparecen de modo manifiesto a la mirada del/la terapeuta, pero que este/a puede interpretar si conoce las leyes que nos permiten comprender el significado emocional de los síntomas.” Homeopatía y emociones. Franco Rossomando. Vendrá. He podido ir constatando a lo largo del tiempo que muchas de las personas que atiendo llevan semanas, incluso meses, sintiéndose mal físicamente. Han hecho con frecuencia, largas peregrinaciones por diferentes consultas en busca de un diagnóstico que les confirmara con exactitud de qué mal estaban aquejadas. Las diferentes pruebas diagnosticas y exploraciones no han observado ninguna anomalía concreta. No hay una causa “orgánica”. Sin embargo la persona sigue encontrándose mal. Es entonces cuando hablamos de somatización. Hay que añadir que esta falta de diagnostico suele angustiar mucho ya que representa una ausencia de tratamiento concreto y adecuado, por lo que la persona se siente desconcertada y preocupada sin comprender qué le sucede y sin saber cómo resolverlo. Por ello cuando vienen a la consulta uno de los trabajos más delicados es recuperar su confianza y motivación hacía su propia salud y hacia el trabajo de comprender sus propios síntomas y descubrir aquello que los provoca. Esto es imposible según mi punto de vista, abordarlo, sin tener en cuenta la importancia de la relación compartida en el espacio de la consulta. “Hoy no tengo dudas sobre el hecho de que una relación terapéutica, para que pueda llamarse relación, necesita de dos partes con su específica competencia, y que la una no puede funcionar sin la otra” Dos para saber dos para curar. Hipatia. Cuadernos inacabados, número 46. Es decir, hay que dar autoridad a la persona para que exprese en libertad lo que le sucede y lo que piensa y siente sobre ello. Hay que entender que esos conocimientos surgen de su “partir de si” que ha de conjugarse con el de la/el profesional que ha elegido para recibir ayuda. También hay que señalar que la persona puede padecer una enfermedad determinada y sobrellevarla con un tratamiento adecuado y en un momento dado los síntomas y consecuencias se multiplican, se manifiestan de forma aguda y excesiva para su diagnostico. En este caso también podemos hablar de somatización. Por otro lado, puede suceder que en ocasiones se detectan y diagnostican enfermedades las cuales la persona no las había percibido, esto es lo que Helma (1884) denominó “enfermedad definida médicamente sin enfermedad percibida subjetivamente” Debido a la falta de tiempo en las consultas y al difícil diagnóstico de las enfermedades somáticas, la medicina tradicional (alópata), tiende a centrarse casi exclusivamente en los síntomas físicos de la enfermedad, olvidando la verdadera causa del problema o aquello que lo puede estar manteniendo. Es cierto que cada vez hay una mayor concienciación de observar
esta realidad descrita, sin embargo la propia estructura del sistema
sanitario y los principios médicos en los que basa su paradigma
la alopatía, descuidan con frecuencia cuestiones importantes
como por ejemplo, distinguir entre tres aspectos básicos
en cada persona: La homeopatía, establece sus bases creando un modelo de comprensión de la enfermedad que acoge los tres criterios descritos, dando un lugar destacado a la subjetividad y a la interioridad, donde cuentan en definitiva las emociones de la/el terapeuta y de la persona que solicita su ayuda. “Hace más de ciento cincuenta años, el genio de Hahnemann advirtió sobre la importancia de las vinculaciones entre el alma y el cuerpo, y puso de relieve la necesidad prioritaria de observar los aspectos emocionales de la persona a la hora de realizar el diagnóstico y establecer una estrategia terapéutica. Así es como lo expresa claramente en el parágrafo 210 del Organón de la Medicina: En todas las enfermedades denominadas corporales la condición del carácter y de la mente está siempre alterada, en todos los casos de enfermedad es necesario anotar especialmente el estado de disposición del carácter del paciente”. Homeopatía y emociones. Franco Rossomando. Vendrá. CAUSAS DE NUESTRAS MOLESTIAS “Un/a médico/a verdaderamente buen@ busca primero la causa de la enfermedad y, tras haberla encontrado, intenta en primer lugar curarla mediante la alimentación. Sólo cuando la alimentación fracasa receta medicamentos” Sun Sau-mo en su obra Recetas preciosas (Chien-Chin-Hang) teoría y práctica de la medicina tradicional taoista. Fuente: “El Tao de la salud el sexo y la larga vida” de Daniel Reid; ED Urano. El 70% de las molestias que nos afectan a diario se deben a causas naturales. Entre éstas, encontramos las que puede provocar el propio funcionamiento del organismo cuando realizamos la digestión, cuando respiramos, o cuando sudamos. Incluso, los hábitos de vida poco saludables como la mala alimentación, malos hábitos de sueño o realizar poco ejercicio físico también pueden provocarnos malestar físico. Por último el medio ambiente también influye en nuestro cuerpo; aquí encontramos factores como la contaminación, la humedad, el calor, el frío, hongos, el ruido, etc. El 5% de nuestros dolores se deben a enfermedades físicas. Sólo un 10% de éstas son graves. Es decir, de cada 1000 molestias sólo 4 se deben a enfermedades graves. De todas las enfermedades que no son consideradas de gravedad y que se ponen de manifiesto a través de diferentes sintomatologías, el 70% se deben a respuestas del organismo a partir de una alteración emocional, ya sea: un disgusto, la indignación, el sentimiento de injusticia, la impotencia para resolver un problema o conflicto, decepciones vitales, sufrimiento sentimental basado en el mal funcionamiento de las relaciones importantes de la vida, situaciones de estrés prolongado por acumular exceso de tareas y responsabilidad, etc. La ansiedad, el estrés y la depresión actúan
sobre distintas hormonas, provocando cambios en nuestro organismo,
que nos hacen más sensibles al dolor e influyen en distintas
enfermedades. Un ejemplo serían los estudios que relacionan
el estrés con el cáncer. En este sentido, se ha demostrado
que éste puede influir tanto en el origen como en el curso
de la enfermedad. Del mismo modo, se ha demostrado que las personas
que padecen depresión presentan una debilitación del
sistema inmunológico o de defensa, es decir su energía
vital no tiene la armonía ni la consistencia suficiente,
con lo que pueden enfermar con más facilidad o bien les puede
ser más difícil recuperarse de ciertas enfermedades.
Esta capacidad del cuerpo para mantener su sistema inmunológico
armónico y equilibrado es la que comentamos anteriormente
que fue denominada por Hipócrates como Vix Nature
Medicatrix, concepto que describe la tendencia a la estabilidad
de las constantes fisiológicas de nuestro cuerpo, su capacidad
de autorregulación gracias a su característica de
estar en constante movimiento buscando la estabilidad del organismo.
Es en resumen, la capacidad que poseen los sistemas biológicos
para permanecer en dicho estado de equilibrio, resistiendo a los
cambios, a pesar de las condiciones ambientales variables que se
sucedan. Hoy en día a este proceso vital se le llama homeostasis.
Cuando un organismo se haya sometido a constantes pérdidas
de su energía vital, entra en un desequilibrio que altera
dicho proceso y nos hace candidat@s a padecer múltiples dolencias
porque nuestro cuerpo debilitado, en su esencia no puede hacer frente
a desajustes que en otro momento se hubieran autorregulado con rapidez
siguiendo las órdenes de la propia naturaleza vital para
recuperarse. Síntomas que pueden provocar la ansiedad o la depresión en algunos sistemas de nuestro organismo:
Síntomas somáticos más frecuentes en las consultas médicas:
Muchas enfermedades médicas están estrechamente relacionadas con el estrés. Entre ellas encontramos: la hipertensión, distintas enfermedades coronarias, el asma, la gripe, el cáncer, el hiper y el hipotiroidismo, las úlceras de estómago, el síndrome del intestino irritable, cefaleas, el dolor crónico, contracturas musculares, impotencia, etc. Tras observar que la depresión, la ansiedad y el estrés, entre otros, son factores que influyen tanto en el origen, el mantenimiento y la evolución de distintas patologías físicas, es más fácil comprender la influencia de nuestra mente sobre nuestro cuerpo y el papel de la psicología y la atención terapéutica en nuestras molestias físicas. Los síntomas son la presencia del pasado en nuestras vidas; los síntomas encubren una emoción que no encuentra salida, una emoción en la cual estamos atrapadas/os. Los síntomas son la voz de las emociones que no tienen voz en la conciencia. Es por esto que la sanación consiste en poner palabras al silencio de los síntomas. Y es, también, por esto que las emociones nos agitan y nos sacuden y en su subir y bajar, ir y venir, nos llevan de un sitio a otro con el afán de encontrar una brecha por donde hacerse escuchar. Porque oír a las emociones es prestar atención a la lección que debemos aprender en nuestro proceso de evolución, y quien no vive sus emociones está condenado a la ignorancia. Eduardo H. Grecco, en el prólogo del libro: Homeopatía y emociones. Franco Rossomando. Vendrá.
Factores que modulan el dolor Existen múltiples factores psicológicos y físicos que modifican la percepción sensorial del dolor, unas veces amplificándola y otras veces disminuyéndola.
Según el tiempo de evolución
Es difícil diferenciar un dolor agudo de un dolor crónico pues el dolor cursa de forma oscilante y a veces a períodos de tiempo sin dolor. El dolor postoperatorio es un dolor agudo, pero a veces se prolonga durante varias semanas. Las migrañas o la dismenorrea ocurre durante dos o tres días varias veces al año y es difícil clasificarlas como dolor agudo o crónico.
Según la fisiología del dolor
Según la localización del dolor
CONCLUSIÓN Entender la salud como un reflejo de la relación entre nuestro cuerpo y nuestra mente, es el factor fundamental como punto de partida ante cualquier disfunción física o psicológica que padezcamos. Esta percepción de la vivencia de enfermedad nos lleva a buscar remedios y tratamientos adecuados a nuestra naturaleza física y a nuestro carácter, así como a la necesidad de revisar, reorientar y modificar el estilo de vida que llevamos con el fin de sostener el cuidado de nuestra vida de forma más adecuada, humana y terapéutica. Por ello, buscar en las medicinas alternativas una solución sin plantearnos un cambio en nuestra actitud hacía la vida y la forma de cuidarla, entiendo que no sirven de nada. Por otro lado queda reflejado a lo largo de este trabajo que cualquier síntoma es un bloqueo de energía y que ésta de alguna forma la podemos cuidar y dirigir y por tanto también desbloquear, mejorando por tanto nuestra salud. Mejorar la salud no es sinónimo de curarse o de no padecer ninguna alteración. Es aumentar la calidad de vida, no provocar agravaciones a las molestias que ya se tienen, no inducir al cuerpo a envejecimientos prematuros por falta de cuidado y de armonía, es restablecer el estado de ánimo recuperando el contento, la tranquilidad, la motivación y la creatividad. Es en muchos casos aprender a convivir con ciertos niveles de dolor sin que estos condicionen nuestra vida por completo, acogiendo el malestar que expresa nuestro cuerpo como una alarma que me indica todo aquello que debo cambiar. También en mi opinión, cuidar y mejorar nuestra salud requiere una revisión lúcida de la forma en que vivimos los afectos, mantenemos relacionales sentimentales y compartimos nuestros espacios de ocio; tener proyectos vitales propios, implicación y disfrute por las pequeñas cosas de la cotidianidad, el interés por seguir aprendiendo, conociendo, sabiendo…, la relación con la naturaleza, cuidar y fomentar la espiritualidad y gozar del arte en cualquiera de sus expresiones, aprender a desprendernos de todo aquello que nos hace daño aunque en algunos casos sean duelos afectivos, es la clave para tener una buena vida. Una vida digna. Una vida sana de cuerpo y de alma. La persona al nacer es blanda y débil, Lao Tse, del libro “El Tao de la salud el sexo y la larga vida” de Daniel Reid; ED Urano. BIBLIOGRAFIA Homeopatia para el alma. Casandra Lorius. Robinbook. Los traumas emocionales y su tratamiento con la homeopatia. Peter Chappell. Sirio. Homeopatia y emociones. Franco Rossomando. Vendrà. Monográfico: El placer de ser cuerpo. Duoda. Revista de publicación semestral nº 20 (2001) Doce momentos en la vida de toda mujer. Joan D. Chittister. Ediciones Sígueme. Salamanca 2006 Monográfico: ¿el cuerpo de las mujeres desborda la medicina científica?. Duoda. Revista de publicación semestral nº 31 (2006) Concepción feminista de la salud. Paula Irene del Cid Vargas Autoridad científica. Autoridad femenina. Cuadernos inacabados, número 30. Hipatia. 1998. Edición Horas y Horas. Dos para saber dos para curar. Cuadernos inacabados, número 46. Hipatia. 2004. Edición Horas y Hora2004 Edición Horas y horas. Cuerpo de mujer sabiduría de mujer. Dra.Christiane Northrup.1999. Ediciones Urano Mujeres que corren con lobos. Clarissa Pinkola. 1998. Ediciones Sinequanom Mujeres Invisibles. Carme Valls Llobet. 2ª Edición 2006. Debolsillo. La pensadora del aura. Zambrano, M.: "Adsum", En Delirio yDestino, Madrid, Ed. Mondadori, 1989, pp. 21-22 El cuerpo nunca miente. Alice Miller. 2004. Tusquets ediciones. Ayurveda para las mujeres. Robert Svoboda. Kairós. Chakras. Libro de Trabajo. Pauline Wills. Gaia. Curar el dolor. Dr. Dharma Singh Khalsa, Cameron Stauth. Urano La enfermedad busca sanarme. Philippe Dransart. Ediciones Luciérnaga. La enfermedad como camino. Thorwald Dethlefsen, Rüdiger Dahlke. Debolsillo. El poder autocurativo del cuerpo. Vernon Coleman. RBA La sanación del corazón. Guy Corneau. Ed. Luciérnaga ¿Dónde están las monedas? , el cuento de nuestros padres. Juan Garriga Bacardi. Rigden Institut gestalt. El Tao de la salud el sexo y la larga vida. Daniel Reid; ED Urano. Luna roja, los dones del ciclo menstrual. Miranda Gray. Gaia
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