Física Cuántica, Aceites Esenciales y la Conexión Cuerpo-Mente

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Física Cuántica, Aceites Esenciales y la Conexión Cuerpo-Mente

Artículo de David Stewart.   Traducción al cuidado de Jezabel Rabaneda Boó.

Los aceites esenciales se componen de diferentes compuestos, desde algunas docenas a cientos en algunos casos. Hasta ahora, los científicos no han podido analizar completamente ni un solo tipo de aceite esencial, así que se desconoce la composición completa  de hasta los aceites más populares como la lavanda, o a otros menos conocidos como pueden ser el incienso o el árbol de té. Por ejemplo, La lavanda tiene al menos 200 componentes identificados pero se sabe que hay muchos más presentes cuya identificación no se ha conseguido hacer.

Se estima que necesitamos algunos años más para identificar todos los componentes pero no es necesario esperar para empezar a disfrutar de sus beneficios. Con los aceites esenciales el bienestar puede empezar ahora mismo, sin entenderlo todo perfectamente, mientras la ciencia acaba de hacer sus descubrimientos. Además, los aceites esenciales son mucho más que pura química.

Vehículos de energía viva

Un compuesto hecho en un laboratorio puede tener la misma fórmula química que uno producido en la naturaleza pero nunca van a ser lo mismo ni van a tener el mismo efecto en tu cuerpo y en tu mente. Una fórmula química no es la completa descripción de un componente. En lugar de describir los aceites esenciales como “una mezcla de compuestos químicos (naturales)”, los aceites esenciales merecen ser descritos como “vehículos de energía viva”.

Muchos compuestos de aceites esenciales se construyen de “Anillos Aromáticos”. Son estructuras moleculares de átomos de carbono distribuidos en configuraciones cerradas como triángulos, rectángulos, trapezoides, pentágonos, hexágonos y otras formas más complejas.

Una forma que prevalece en estos anillos de carbono es el “Anillo de Benceno”, que consiste en seis carbonos en un círculo hexagonal.  El anillo de Benceno fue descubierto en el siglo XIX, pero no se entendió completamente hasta el desarrollo de la avanzada tecnología del siglo XXI. A partir de las precisas medidas de las propiedades eléctricas del anillo de Benceno, los científicos se dieron cuenta que el concepto de simples átomos, protones, neutrones y electrones no podía explicar sus propiedades. Tampoco los conceptos de los átomos y moléculas pueden explicar por completo el comportamiento de otros anillos aromáticos encontrados en los aceites esenciales.

Lo que los científicos vinieron a concluir fue que estas estructuras no pueden ser entendidas como expresiones de materia medidas en tamaños, dimensiones y masas, porque en realidad son ondas que han de ser medidas en frecuencias, amplitudes y fases. En otras palabras, los componentes de los aceites esenciales no son solamente moléculas de materia, son ondas energéticas. De este modo, los aceites esenciales se pueden manifestar como partículas de materia (química) o como ondas de energía (física) o ambas.

El hecho de que la energía y la material son equivalentes e intercambiables fue por primera vez articulado en 1905 por Albert Einstein (1879-1955). La comprobación de que los anillos aromáticos se originan como materia pero funcionan como energía fue solo una confirmación posterior al descubrimiento de Einstein.

Física cuántica

Vamos a hablar acerca de la física cuántica y cómo los aceites esenciales emplean ambas leyes, la química y la física moderna, no sólo la química.

Como ciencia, existen dos formas fundamentales de física. La “Física clásica” y la “Física cuántica”. Ambas son necesarias para describir el mundo a nuestro alrededor y las maneras en las que los aceites esenciales funcionan.

Las principales leyes de la física clásica fueron articuladas por Isaac Newton (1642-1727). La física clásica tiene que ver con cosas lo suficientemente grandes como para experimentarlas o medirlas con nuestros cinco sentidos. Esta forma de studiar y describir la física nos ofrece las leyes mediante las cuales los ingenieros pueden construir los puentes, diseñar los coches y enviar cohetes al espacio. La física clásica se ocupa de los fenómenos de dimensiones de la medida de un átomo o más grande.

Los principios de la física cuántica fueron articulados a finales de siglo XIX y principios del XX gracias a Max Planck (1858-1947), Erwin Schoredinger (187-1961) y Werner Heisenberg (1901-1976). La cuántica lidia con cosas demasiado pequeñas para experimentarlas o medirlas con nuestros cinco sentidos. Esta física nos explica conceptos como los ojos eléctricos, los paneles solares o los espectrómetros. La física cuántica se ocupa del comportamiento de cosas con dimensiones más pequeñas que un átomo. Esto incluye electrones, protones, neutrones, quarks, neutrinos, mesones y otras partículas subatómicas.

Como experimentadores humanos, nosotros podemos estudiar los objetos de la física clásica como observadores objetivos, separados y a parte del fenómeno que estamos estudiando, pero esto no funciona así en la física cuántica, donde el experimentador siempre es parte del experimento.

Por ejemplo, se sabe que la luz se manifiesta en onda, descrita por la frecuencia, amplitud y fase o en corriente de partículas con propiedades de discreto tamaño,  descritas por el tamaño, el impulso y la masa. Estas partículas se llaman fotones. La luz puede aparecer como una onda continuada o como una corriente de fotones pero nunca será las dos al mismo tiempo. En el 1900  Max Planck descubrió la unidad mínima de energía para un fotón, descrita como “quantum” y medida por la constante de Planck.

Una interesante serie de experimentos tuvieron lugar durante los años 80, llevados a cabo por científicos que trabajaban independientemente en Alemania y Estados Unidos. Ellos buscaron la relación, si la hubiese, entre ciertos fenómenos y el observador. Estos fueron los experimentos llamados “Doble abertura, selección retrasada”. Soltaron un rayo de luz con el objetivo de que pasara por el medio de dos aberturas verticales y mientras que la luz viajaba a los puntos donde iba a ser observada y gravada, los científicos podían tomar la decisión de si la luz aparecería en onda o en partícula. Los científicos fueron capaces de demostrar que su decisión determinaba el resultado del experimento. Si su decisión era que la luz se manifestara como una onda, así aparecería en el plato fotográfico. Si su decisión era que la luz se manifestara como partícula, quedaría gravada como partícula.

La pregunta surgió: ¿Qué le pasa al rayo de luz durante su recorrido cuando es observado? ¿Es onda o es partícula? Los científicos concluyeron que el rayo de luz en tránsito no es ni onda ni partícula. No existe como luz en sí misma hasta que es gravada u observada. Cuando el rayo viaja desde la fuente que lo produce hasta su objetivo, todavía no es luz, sino “un manojo de posibilidades” o un “paquete de probabilidades” todavía sin manifestar. Cuál de las posibilidades se va a manifestar depende de la decisión del observador. En otras palabras, el experimentador es inevitablemente parte del experimento y el elemento que determina el resultado.

La mente sobre la materia

Antes de aplicar los conceptos de la física cuántica a los aceites esenciales, vamos a abordar otros estudios relacionados con la interacción de la mente y la materia. Vamos a considerar los aceites esenciales “energía viva” y cómo la intención humana puede determinar la acción de un aceite.

Sabemos que la mente humana puede afectar la frecuencia electromagnética de los aceites esenciales. La meditación  y el pensamiento positivo eleva las frecuencias mientras que los pensamientos negativos disminuirán las frecuencias.

En 1950, Franklin Loehr, un científico Americano exploró el efecto que  la oración y el pensamiento humano tenían sobre el agua. Las moléculas de H2O se componen de un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno unidos en ángulos específicos que oscilan entre los 120-110 grados. Loehr descubrió que el pensamiento humano alteró los ángulos de unión entre los átomos de oxígeno e hidrógeno, de manera que cambiaron las propiedades físicas del agua. (“The Power of Prayer on Plants”, Franklin Loher)

Experimentos más recientes realizados por el científico japonés Masaru Emoto, gráficamente demuestran que el pensamiento humano y la emoción afectan la estructura cristalina del agua congelada. Proyectar bonitos pensamientos al agua como “amor”, “ángel” o apreciación dará como resultado preciosos cristales de hielo. Por el contrario, proyectar feos y desagradables pensamientos en el agua como “odio”, “demonio” o “matar”  se producirán cristales horribles. La interacción de la mente y la materia es un acto científico. (“Mensajes del agua”, Masaru Emoto).

Considera esto: El vapor de agua se condensa en la atmosfera y se cristaliza en copos de nieve, ese agua encima de nosotros está recibiendo millones de pensamientos de la gente que está debajo y responde a la naturaleza de esos pensamientos. La próxima vez que nieve, preguntate: ¿estoy creando preciosos o feos copos de nieve? Si encuentras uno feo siempre puedes decir: Yo no lo creé, fue otra persona”.

El punto es que el pensamiento y la intención humanos afectan el comportamiento del electrón. Puesto que cada proceso químico y natural en el cuerpo humano implica la actividad de los electrones, vemos que las funciones de nuestro cuerpo no son simplemente asuntos de la química tradicional y la física clásica, son también mentales, emocionales y espirituales. La conexión mente-cuerpo es a través de los electrones.

Sabemos que los aceites esenciales amplifican la intención –la intención de la persona que aplica el aceite así como la intención de la persona que lo recibe. Las/os terapeutas que usan aceites saben por su experiencia que los aceites esenciales funcionan mejor si se aplican con una intención. Funcionan mejor cuando los acompaña la fe y la creencia por parte del receptor. Pero, ¿cómo funciona exactamente?

Los aceites esenciales también tienen propiedades eléctricas las cuales están sujetas a nuestros pensamientos y emociones. Sabemos que el mismo aceite esencial tendrá efectos diferentes según a quien se aplique pero la explicación más usual es que las personas tienen diferentes químicas corporales. De este modo, el mismo aceite tendrá diferentes efectos en las diferentes personas. Pero, ¿de verdad tiene que ver sólo con la química?

La física cuántica de los aceites esenciales

La próxima vez que una persona te pregunte lo que los aceites esenciales pueden hacer, puedes darle dos respuestas:

  1. Bien, el aceite contiene ciertos componentes, hay fenoles que limpian y desintoxican. Hay ésteres que liberan emociones. Contienen sesquiterpenos que oxigenan las células y limpian la información errónea de la memoria celular. También tienen monoterpenos, cetonas, óxidos, etc los cuales pueden hacer diferentes reacciones dependiendo de la química de tu cuerpo. Los beneficios que puedas recibir de un determinado aceite pueden ser diferentes a los que otra persona reciba por las diferentes químicas corporales. Esta sería la respuesta química y es perfectamente válida.

O puedes dar la respuesta cuántica.

  1. ¿Qué quieres que haga este aceite por ti? Esta botella de aceite es un paquete de posibilidades. La posibilidad que se manifieste para ti dependerá de tus pensamientos y deseos. Para una persona con diferentes pensamientos y deseos se manifestarán diferentes posibilidades así que decide qué quieres que el aceite haga.

Ambas respuestas, la química y la cuántica son correctas. Necesitamos ambas para describir por completo cómo funcionan los aceites esenciales. Esto es lo que sucede.

El paquete de posibilidades que ofrece un aceite es cuestión de química. La composición química, o la colección de compuestos que hace un aceite en concreto determinan sus “posibilidades”. Un aceite no tiene la capacidad de abarcar todas las posibilidades, sólo aquellas que se encuentran presentes en sus constituyentes. La determinación de cuáles de los elementos de ese paquete de posibilidades representado por ese aceite se va a manifestar en una persona es cuestión de la física cuántica. Y, la física cuántica es sujeto de deseo, sentimiento e intención. En resumen, el potencial de acciones de un aceite se define y limita en base a las actitudes del que unge y del que recibe.

La química determina lo que es posible. La física cuántica determina que posibilidades van a suceder. Nuestros pensamientos no pueden cambiar la química de un aceite, ya preestablecido antes de que apliquemos el aceite. Sin embargo, nuestros pensamientos pueden determinar qué aspectos de esa química van a actuar en nuestro cuerpo y esto se determina tanto en el momento de aplicar el aceite como después.

Esto significa que el que recibe el aceite esencial debe participar en su propia sanación. Los aceites no son sanadores, son solo vehículos que pueden ser facilitados por nuestros pensamientos apoyándolos para que funcionen con un beneficio óptimo. Debido a su innata química y la intención dada desde el momento en que se plantaron, cosecharon, destilaron, empaquetaron y distribuyeron, los aceites esenciales de grado terapéutico funcionarán hasta el punto de poder prescindir de la participación y el soporte mental del que lo recibe, aunque funcionaran mejor con su participación. Este es el motivo por el cual debemos usar aceites de grado terapéutico que están impregnados de la intención sanadora del fabricante y el vendedor, desde que se seleccionan las semillas hasta que la botella se vende.

De esta manera puedes ver cuál es la ciencia de los aceites esenciales, como agentes de salud y bienestar, acogiendo la física y la química en combinación con el corazón y la mente humana.

De ePlantasste modo, los aceites esenciales de grado terapéutico representan una categoría en sí mismos –nada que ver con los medicamentos, los antibióticos y otros agentes antibacteriales. Los aceites esenciales han estado disponibles en el planeta Tierra desde la creación de las plantas y están impregnados con las cualidades y la intención de su función que conservan de forma ignata.  Las medicinas fabricadas por el hombre en factorías y laboratorios no tienen esas cualidades y la intención de sus vendedores no ha de ser necesariamente curar.

Paquetes de posibilidades

Cada especie de aceite esencial posee muchas posibilidades pero se manifiestan sólo algunas según la aplicación en un particular receptor, como hemos explicado anteriormente. . Las posibilidades disponibles las determina la química. Las que se escogen las determinan los deseos, los sentimientos y las ciencias de un receptor y facilitador. Cuando un aceite se aplica en cualquier parte del cuerpo, mentalmente lo puedes dirigir hacia donde se necesita y afirmar el resultado de tu deseo. Tu afirmación debe ser más que un sólo pensamiento en un momento, debe venir desde tu fe y tus convicciones más profundas y debe ser repetido y conscientemente retenido hasta que los resultados del deseo se manifiesten.

Hasta para los aceites simples, las posibilidades son innumerables y casi ilimitadas, incluyendo el potencial de manifestaciones desconocidas previamente. Por ejemplo, un aceite puede ser conocido por mejorar las funciones hepáticas pero no por potenciar la regeneración nerviosa. Aún así, ese aceite podrá manifestar resultados en la regeneración nerviosa si se le ha dirigido a que lo haga. Así que si crees que no tienes el aceite adecuado para una aplicación específica, usa uno que tengas con un sentimiento y concentración profundos, dirigiendo al aceite a hacer lo que deseas que haga. Los aceites esenciales están impregnados de una inteligencia que no existe en los medicamentos farmacéuticos.Niña-haciendo-meditación

El paquete de seis posibilidades para los aceites esenciales

A continuación, seis probabilidades generales procesadas por los aceites esenciales a las que puedes recurrir para crear ambientes saludables en tu casa, coche o lugar de trabajo para mantener el bienestar o para sanar tu cuerpo.

  1. Los aceites esenciales pueden destruir hongos, virus y bacterias en el aire que respiramos así como en nuestros cuerpos. Aunque son mortales para los microbios patógenos, son inofensivos y útiles para los seres humanos.
  2. Los aceites esenciales pueden actuar como hormonas para mantener el balance de tus órganos y funciones corporales y hasta pueden salvar las diferencias o estimular a nuestros cuerpos para producir las hormonas que necesitamos si nuestro cuerpo no lo está haciendo.
  3. Los aceites esenciales pueden elevar las frecuencias de nuestro cuerpo, ayudándonos a estar sanos e inmunes a las enfermedades. Sus vibraciones resuenan con nuestros tejidos de manera beneficiosa acorde a nuestros deseos e instrucciones mentales.
  4. Los aceites esenciales son los antioxidantes más poderosos en la naturaleza y limpian los radicales libres de nuestro sistema. Esto ayuda a mantener el bienestar y a extender nuestra esperanza de vida.
  5. Los aceites esenciales llegan al sistema límbico y ayudan a limpiar sentimientos negativos y emociones bloqueadas, así como a eliminar las causas de raíz de muchas enfermedades.
  6. Los aceites esenciales apoyan y aumentan nuestro poder intuitivo, agudizando nuestra consciencia espiritual, motivo por el cual muchas religiones alrededor del mundo, desde tiempos ancestrales hasta nuestros días, difunden los aromas de aceites esenciales como el incienso en sus santuarios para facilitar una meditación y oración más efectivas.

Los aceites esenciales funcionan a todos los niveles: físico, mental, emocional, social y espiritual. Algunos dicen que los aceites esenciales pueden funcionar a nivel financiero también, por eso Young Living tiene una mezcla llamada “Abundancia”.
Recuerda, por la ley de la física cuántica, los aceites esenciales amplifican tu intención. Esto es cierto, cualquiera que sea tu intención, pero mucho más cierto cuando tu intención es buena y en armonía con un poder superior.

NOTA: Para más información acerca de la base científica de los aceites esenciales, vea “The Chemistry of Essential Oils Made Simple”, David Stewart

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