Uno de los centros de interés en mi formación es todo aquello que tiene que ver con el proceso del final de la vida física.

Desde hace ya 20 años, realizo acompañamientos en el duelo y también en el proceso de morir dignamente.

Sobre estos temas imparto cursos y conferencias que nos acercan a ampliar la conciencia, porque aceptar y saber sobre la muerte es aprender a vivir plenamente.

Contenido genérico, a modo de ejemplo

Acercarse a la muerte nos invita a plantearnos cómo vivimos. Es un reto para vivir dignamente, ya que eso es lo que posibilita en buena parte que la muerte sea digna.

Acompañar en ese proceso es una de las cosas más delicadas y hermosas que nos ofrece una experiencia vital transformadora. Conectar con nuestra capacidad de comprensión sobre la muerte y tener una relación madura y adecuada con ella, requiere en muchos casos, de la búsqueda de información y de obtener herramientas basadas en los conocimientos más innovadores que hoy nos ofrecen las neurociencias.

Sin duda la muerte despierta en todas las personas muchas emociones y campos de conciencia, puede vivirse con aceptación o como trauma, y de lo que se trata es de que la muerte sea una oportunidad de aprendizaje para vivir en plenitud y que la muerte nos acoja habiendo hecho lo suficiente para venerar la vida recibida.

Lo contrario de la muerte no es la vida sino el nacimiento, la vida es un periodo de tiempo que se llama “oportunidad”, y que nos permite conectar con la posibilidad de desarrollarnos en campos espirituales, emocionales, físicos y emocionales. Por tanto, en ningún caso la muerte es un fracaso de la vida o la ciencia, sino una etapa tan natural y tan lógica como la vida y el nacimiento.

A veces la dificultad es dejar partir a quien amamos y otras aprender a sostener nuestra propia muerte. Ambas cosas se interrelacionan en un proceso que puede elevar nuestro campo de conciencia si es maduro o por el contrario, puede ser lo que nos provoca pánico y rechazo. En cualquier caso será inevitable, por ello el camino de aceptación empieza con el conocimiento que facilita la comprensión de algo que en nuestra sociedad se ve como indeseado, injusto, con matices de fracaso o de desgracia.

Identificar nuestras creencias y condicionamientos, conscientes e inconscientes, sobre la muerte, los miedos y forma de encararla, nos lleva a poder tomar decisiones sanas como por ejemplo decidir cosas básicas sobre cómo queremos morir, saber las fases del propio proceso de la muerte, también de los duelos que representan las pérdidas, saber acompañar a quienes amamos en ese tránsito y en definitiva, aprender a desprendernos.

La vida es un proceso dinámico que tiene sus propias leyes. Comprenderlas es asumir que las etapas se van sucediendo y que hacemos ciclos de “vida , muerte, vida”. Es decir, una etapa se acaba y otra nace. Cuando esto nos parece difícil y la tendencia es huir de lo desconocido y no hemos aprendido a desprendernos, entramos en circuitos de autoengaño y evasión donde la Muerte se vive de forma dramática, ya que aceptar el concepto de Finitud, sin aceptar las pequeñas muertes que se suceden en los ciclos y etapas que se han mencionado, es algo complejo que nos lleva más a dramatizar o alimentar el miedo, que a la madurez de entrar en plenitud y entender la Muerte como parte de una trascendencia, además de inevitable, necesaria.

Conectar la parte psicológica con la espiritual es una necesidad de nuestro tiempo que se pone de manifiesto en distintos aspectos. Esta relación es la que acoge la psicología Transpersonal aproximando la auto realización, la trascendencia y la conciencia. La neurociencia ha aportado mucha información sobre el hecho de morir y las llamadas experiencias de muerte, que nos ofrecen la oportunidad de cambiar la relación con la muerte y la pérdida de forma positiva.

Saber cómo interviene en la aceptación de la muerte y por tanto de la finitud nuestra conciencia es otro elemento vanguardista que nos permite cambiar nuestro sistema de creencias y tratar la muerte como un proceso para el que puedo y debo prepararme.

La experiencia de la pérdida está vinculada a la vida y no se presenta sólo en el momento de la propia muerte o la muerte de un ser querido. También perdemos los sueños, la juventud, la salud, las relaciones, el estatus social y económico, etc. Por lo tanto las pérdidas de la vida son emocionales, materiales, vitales, etc.

Las emociones siempre acompañan a la pérdida: la culpa, la ira, el vacío, la negación, etc.

Asociamos a la muerte concepto como : duelo, dolor, pérdida, fracaso, desgracia …, y nos cuesta verla desde la perspectiva del sentido, de la madurez, del sosiego …

La idea del alma y lo que ocurre cuando nos morimos…, si somos o no energía y si ésta permanece… , son algunas de las cuestiones que acostumbramos a plantearnos.

Cómo interviene en la aceptación de la muerte y por tanto de la finitud nuestra conciencia?

Las ciencias vanguardistas unidas a la Psicología actual, qué nos dicen de la muerte?

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